
Un año más y, como ya viene siendo costumbre (una buena costumbre, a fe mía), toca entrevistar a Kazunori Yamauchi, el padre de Gran Turismo. Nunca le llamo por su apellido, como es habitual aquí en Japón. Más bien me dirijo a él por el apelativo de “sensei” (maestro). Con su proverbial educación japonesa nunca pone peros a este calificativo. Pero siempre esgrime una media sonrisa cuando me dirijo a él de esa manera. Ya son muchos años entrevistándolo y más que creador y periodista somos un par de amigos que charlan sobre coches y videojuegos, el bien y el mal.
También como siempre antes de la entrevista, Polyphony Digital, la compañía de Yamauchi, nos preparó a los medios acreditados una gira por las instalaciones precedida por una presentación de Gran Turismo 5, la nueva criatura del maestro que según sus palabras pondrá la simulación de conducción en niveles nunca vistos. Esperemos que sea así, por el bien de la saga. Desde luego, a él se le ve muy convencido.
Hago un inciso para comentar que Yamauchi es el típico genio que no se lo tiene creído. Cuando hablas con él te das cuenta de ello. En medio de una conversación normal con el maestro hay ciertos detalles que te dan a entender que sabe de lo que está hablando, que está absolutamente convencido de ello y que nadie le va a hacer cambiar de idea. Por otro lado, sabes positivamente que no te intenta vender nada, que no quiere convencerte de nada, que te va a dejar criticarle todo lo que quieras y que va escucharte en silencio. Es un creador tan respetado por la industria japonesa que nunca he escuchado una mala palabra de otro miembro de la misma hacia él. Ni una mala palabra en la prensa tampoco. Y uno sabe que esto no es fruto del miedo, el qué dirán o alguna otra oculta razón. Es fruto del respeto que se ha ganado durante la última década como uno de los pilares del mundo del videojuego nipón.